03 julio 2015

La contratación, en 5 gráficos: así se ha precarizado el empleo en España.


A pesar de que la temporalidad ha sido una marca constante en los contratos españoles, el inicio de la crisis (allá por 2008) ha dejado un rastro que se refleja en aún más temporalidad y, por consiguiente, más precariedad.
“Preocupa menos el desempleo porque cada día se crean 2.000 nuevos empleos” se ha convertido en el lema del Partido Popular allá donde les reclaman menor paro. Si bien es cierto que el nivel de contratación [ver gráfico] se ha recuperado después de tres años de caída (2009-2012) y alcanza niveles de 2008, no es oro todo lo que reluce.
Los datos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) analizados desde el año 2006 hasta 2015 deslizan unas cuantas claves en la calidad y la desigualdad a la hora de contratar en España.
Los contratos con duración menor a una semana se disparan
Las certezas laborales de uno de cada cuatro españoles alcanzan como máximo siete días. Esa es la duración del 25% de los contratos que se realizan en España. Y el crecimiento de este tipo de contratos se aprecia mejor en la evolución interanual. Mientras que en mayo de 2008, al inicio de la crisis, representaban un 16,7%, en el mismo mes del presente año se sitúan en el 28% sobre el total. Además, el mes de mayo constituye el pico más alto en la proporción de contratos con duración de una semana.
Mientras, los indefinidos han caído a lo largo de toda la serie temporal desde que comenzara la crisis. De hecho, abril de 2008 marcó el pico en mayor porcentaje de formalización de este tipo de contratos.
La contratación a tiempo parcial tiene nombre de mujer
Siete de cada diez contratos que firmaron en el último año los hombres españoles fueron ajornada completa. La otra cara de la moneda está en los contratos femeninos: tan solo la mitad de los que se formalizaron en el último año fueron a tiempo parcial. Esta situación crea una brecha a nivel salarial y poder adquisitivo entre ambos sexos.
Además, como se aprecia en el gráfico, en el caso de las mujeres la contratación a tiempo completo se ha contraído en los años de la crisis hasta quedar al mismo nivel de la contratación a tiempo parcial.
Precaria ella y precario él (aunque menos)
A la hora de analizar la calidad de los contratos por sexo actualmente ambos han sufrido la precariedad. Sin embargo, desde los inicios de la serie temporal, en 2006, las diferencias entre sexos eran notables –entre 4 y 7 puntos de diferencia porcentual- al hablar de la contratación de duración máxima una semana. En este tipo de contratos, hombres y mujeres solo se encuentran en la temporada de verano, entre los meses de julio y septiembre.
Así las cosas, en mayo, último mes del que se disponen datos, los contratos más precarios firmados afectan a casi el 26% de los hombres y a 1 de cada 3 mujeres. Para los dos sexos, este mes se configura como el pico más alto de contratación precaria en el último año y en toda la serie temporal.
Los rangos de edad se unifican en contratos de baja calidad
La serie temporal marca diferencias claras en su inicio. Los jóvenes eran los mayores receptores de contratos con menores duraciones en 2006, un 17% entre los jóvenes de 20 y 24 años, mientras que afectaban a un 9,7% de los contratos en mayores de 59 años.
Casi una década más tarde los extremos se tocan. Tanto es así que en julio de 2014 los porcentajes entre ambos rangos de edad estaban separados por tan solo un 0,6%. A pesar de esto, en los últimos datos, los jóvenes comprendidos entre 20 y 24 años son los más afectados por este tipo de contratación precaria: uno de cada tres menores que consiguieron trabajo en el mes de mayo lo hicieron con un contrato de duración menor a 7 días.
En el otro extremo, tanto jóvenes como personas de 50 años en adelante han visto muy mermadas las posibilidades de conseguir un contrato indefinido: en ambos supuestos son la mitad de contrataciones que en diciembre de 2006.
En ambos casos la estacionalidad juega un papel fundamental: aquellos contratos con duraciones menores a un mes se reducen en la temporada de verano para dar paso a picos de contratación de entre uno y tres meses, con motivo de la campaña estival.
(*) Ana Isabel Cordobés es periodista